Tuve el peor sueño de toda mi vida

 

 

 

 

El otro día tuve el peor sueño de mi vida, y no fue porque era una pesadilla, lo escribo literalmente: el sueño fue malo como mala puede ser una película, mala con ganas.

Tanto que incluso me da pena contarlo. Demasiado pútrido.

Estaba en el pueblo de Jason Voorhees, el famoso asesino serial de Viernes 13, el problema es que aquello no era el Lago Cristal ni nada que se pareciese, sino un pueblo atrapado en medio de una suerte de desierto que ni siquiera era de los bonitos; con dunas y oasis, sino plano y árido, en un eterno crepúsculo rojo.

¿Por qué era el pueblo de Jason Voorhees? No tengo idea. Ustedes saben como son los sueños. Las cosas son así y punto. Ese era el pueblo de Jason, pero sin Jason. Los habitantes eran todos peligrosos; campesinos malignos. La tensión empieza cuando llega este forastero a bordo de una patrulla de policía y, de la nada, se le aparece alguien más o menos cerca del costado de la ventanilla...

De ahí todo degenera en una espiral fecal de proporciones plutárquicas. Fue el armagedón de las boñigas; resulta que al policía en cuestión lo llamaban "The evil romper" y venía a proteger el pueblo. Es decir, en vez de llamarse algo así como "The evil breaker" mi sueño se pasaba por el culo el inglés y lo llamó "The evil romper", como "el rompedor de maldad", no sé que carajo le estaba pasando a mi cerebro en ese momento... eso o los campesinos eran realmente brutos, porque creo que ellos eran los que lo llamaban así.

Total que el tipo, a bordo de su patrulla, escapa de la turba, y la cuestión pasa a transformarse en una suerte de videojuego.

Sale a las afueras, se accidenta, se apea de la unidad, se encuentra cerca de un precipicio muy profundo, y lo empiezan a perseguir unas criaturas parecidas a dragones pero en dos patas, como salidas de un remix lésbico entre Doom y Diablo. Estos seres tenían la piel al rojo vivo, medían más de dos metros, y se me venían encima en plan retardo mental, porque ahora yo (en los zapatos del evil romper) los podía esquivar como si fueran trenes y hacer que cayeran por el acantilado. Maté no menos de treinta así. Eran estupidísimos. Que pedazo de mierda cagalistrosa de sueño. Es en serio, a la próxima prefiero no soñar.

Terminó con que uno de los monstruos espabilaba y se colgaba desde el borde del barranco para alcanzarme, lo que me obligaba a deslizarme en cuclillas por la pendiente hasta que ésta inevitablemente se transformara en una caída.

Sin embargo, estaba equivocado, no es que el monstruo se hubiese puesto las pilas, es que el sueño tenía errores, como los juegos de video mal hechos: simplemente se había quedado atrapado en un vórtice invisible, agitando los brazos y las piernas en cámara rápida, sin poder moverse. Esto no tiene precedentes...

Cuando me desperté, me senté sobre la cama y mi primera palabra del día fue "coño...".

Que cagada de sueño. Que cerro de mierda y mocos y semen y pus. La próxima vez prefiero tener una pesadilla. Es como si durante la noche a mi cerebro le hubieran quitado toda la memoria y la hubieran dejado funcionando con 250 MB de RAM.

No recuerdo si tenía música, creo que no, pero en caso contrario estoy seguro de que hubiera sido en MONO y no STEREO.

Estoy preocupado, en serio, si partimos del punto de vista de que los sueños significan algo, ¿qué me habrán querido decir?

Que mierda maldita de sueño. Morfeo, anda a lavarte el culo. Esto fue peor que un trailer de Castlevania en 8 bits.

 

 

 

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13 de septiembre de 2009

diariodedross@gmail.com

 

 

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