SESIÓN DE SEXO VIOLENTO
El pasado fin de semana tuve una sesión de sexo violento con mi novia.
A ella le encanta que le peguen, y si no lo hago yo, no sólo se va a buscar a alguien que la maltrate, sino que además ella misma esparcirá el rumor de que soy poco hombre y bueno para nada.
En realidad no sabría decir si tan siquiera es mi novia; no sé quienes son sus familiares ni cómo se llaman sus amigas, pero creo que es lo de menos, lo cierto es que le gusta hacerlo conmigo porque accedo a pegarle, y duro.
Empiezo propinándole una cachetada con el reverso de la mano, mandándola a volar contra la pared, ella golpea la frente contra el ladrillo y, mientras va bajando lentamente al suelo, me observa de reojo, con los ojos bien abiertos.
Le pego una patada en el vientre y le escupo en la cara, luego la agarro por los cabellos y la hago levantarse.
Ella reclina la cabeza hacia atrás, sudando, mientras dice "jamás voy a hacerlo contigo, Morgan" (ese es mi nickname sexual), a lo cual yo respondo subiéndola con mis brazos como si fuese un levantador de peso olímpico y arrojándola contra el muro.
Un cuadro se hace pedazos y mi novia cae sobre la cama dando vueltas. Salto encima de la colcha y empiezo a darle patadas, a cada una ella rebota contra la pared.
Empieza a gritar pidiendo auxilio... se supone que mientras más chille, más debo enojarme y excitarme yo, así que me pongo de rodillas entre sus piernas y comienzo a estrangularla con todas mis fuerzas. El chillido pronto se convierte en un graznido de pato; le meto un puñetazo por la boca.
Ella contesta escupiéndome dos dientes en la cara. Mientras me estoy tapando los ojos, adolorido, hace el intento más ridículo por escapar, aleteando como si fuera una foca. Yo me recupero y la agarro de las muñecas tan duro que se las fracturo. Mi novia gime de placer.
Es ese el momento en que debo ponerme manos a la obra: agarro sus piernas y se las separo tanto una de otra que puedo escuchar un crujiente"crooook", hago que sus tobillos golpeen los cachetes de su propia cara.
Me inclino y me soplo la nariz con su ropa interior (también le gustan las cochinadas), luego arranco la prenda, me bajo los pantalones hasta las rodillas, y empiezo a consumar el acto sexual.
Ella contraataca mordiéndome un cachete y arrancándome un pedazo de carne, por si fuera poco, lo escupe contra mi propia cara.
Le grito un improperio indigno de una mujer, más propio del increíble dolor y preocupación que por seguir el juego sexual... pero no se da cuenta y sonríe, complacida.
Levanto la mano y le doy un codazo sobre el cuello con todas mis fuerzas, ella tose sorprendida y vomita un chorro de sangre. Gracias a Dios logro esquivarlo a tiempo.
Pongo mis manos sobre su cara y empiezo a hundirle los ojos con los pulgares, ella grita como una bruja quemándose en pleno Salem, y comienza a contornearse, intentando librarse de mí, pero la tengo bien sujeta. Sin embargo, no imaginé que lograría zafar sus manos y, aún con las muñecas fracturadas, reuniría la suficiente fuerza como para rasguñar mi espalda y abrir surcos en mi carne.
Intento zafarme de su abrazo mortal y separarme de ella, pero ahora quiere vengarse: aprieta los esfínteres y me atrapa... logré que me quitara sus brazos de encima, más sin embargo mi intimidad, ese lugar donde nadie tiene derecho, sigue atrapada.
Me arrastro hacia atrás, y como no consigo separarme, ella se mueve conmigo.
Desesperado, me bajo de la cama y trato de escapar, caminando rápidamente hacia atrás, pero no tiene caso: todavía me tiene atrapado, su cabeza golpea el suelo bruscamente, con sus cabellos despatarrados... parecemos una especie de demonio infernal sacado de Poltergeist.
El clímax se aproxima: ella se contrae y me aprieta cada vez más, hasta que comienzo a gritar del dolor, aprieta los músculos abdominales y logra levantarse del suelo como por arte de magia, sujetándome con un abrazo vampiresco...
Es en ese momento mágico en que los dos caemos derrumbando las puertas de un closet y, entre zapatos y ganchos de ropa, nos venimos juntos.
Poco después ella se viste y se va, dándome un cariñoso beso en la boca. Me dice que ha quedado muy complacida y que el sábado que viene volverá.
En ese momento yo fingí estar contento, pero he estado pensando y la verdad creo que no quiero seguir más... lo peor es que mientras escribo estas líneas es viernes, y por lo tanto faltan menos de 24 horas para que vuelva a aparecerse por la puerta de mi casa, con la intención de tener otra sesión de sexo violento.
a
DROSS ya no le gusta el sexo alternativo... |
28 de octubre de 2005