... ella obviamente tiene más que yo
El otro día tocaron el timbre de la casa. Estoy acostumbrado a ello, no porque lleguen visitas, que casi nunca tenemos, sino porque un tipejo de la villa se colea en mi vecindario y se planta en la puerta para pedir dinero. Es algo así como ese peligrosísimo spam que empieza con "Your email address emerged as winner of (£500,000.00GBP) in this month, contact us at..." pero en carne y hueso, y aquí en San Isidro se está convirtiendo en una cuestión de todos los días. Recibo más timbrazos de gente que viene dispuesta a sacarse de la manga la misma charla genérica que zancudos picándome de noche en el umbral del verano.
Lo peor es que no son honestos ni siquiera para mendigar; ven necesario insultar tu inteligencia (y eso, viniendo de alguien que ni siquiera es argentino, dice mucho), "somos del aseo urbano, ¿podría colaborar con nosotros?". Ésta es la más popular de todas, y varía de mil formas. Como magos de pacotilla, su sombrero de copa es una tarjetita arrugada de Dios sabrá de cuál garita habrán robado, sumado a que ya es la cuarta vez este año que es el día del trabajador del aseo urbano. Los más cagadores no se olvidan de decir "tengo cambio de cien pesos, por si usted lo necesita", sin siquiera tomarse la molestia de ocultar la motoneta cagalistrosa que tienen convenientemente encendida para montarse y salir corriendo tan pronto al primer pelotudo infeliz se le ocurra deslizar un billete de ese calibre por la reja. Y ojo: pelotudo no es sólo el que da cien pesos, pelotudo es el que incluso les llega a dar cincuenta centavos.
Lo mandé a la mierda de una manera hosca, pero todavía educada "no tengo dinero". ¿Qué? -replicó él-, sin embargo, debió haber entendido a grosso modo lo que le dije porque ya estaba emprendiendo la retirada, pero impertérrito me devolví: ¡QUE NO!, grité.
Analizo yo: todo esto tiene que ser más o menos igual a como era en mi país, la gente que viene a hacer esto son, en su totalidad, los que votan y deciden el gobierno que tenemos, empezando por el/la presidenta. Yo en cambio desde los 21 años tengo un historial de votar siempre por el que queda segundo o tercero, de apostarle al candidato que, por supuesto, era la opción más educada; el estadista sobrio, el economista preparado, ése que no tiene ninguna posibilidad porque no posee lo más importante para ser presidente en un país de mierda: histrionismo.
¿Por qué no van entonces a la Casa Rosada a pedir? Ellos son los que escogieron el gobierno bajo el que tienen que mendigar, yo no. Yo vivo en San Isidro, pero las cosas no me van bien a mí tampoco: como muchos, estoy pasando las penurias de la crisis global, no consigo trabajo, y es muy difícil hacer negocios porque nadie quiere emprender nada, ninguna empresa está de ánimo para aceptar una propuesta creativa. A Cristina en cambio le va bárbaro; ha multiplicado su fortuna, sus terrenos, sus negocios, sus hoteles y sus propiedades tanto en Argentina como fuera de ella. Tanto así que, de hecho, están así "." de abrirle un juicio en el país donde ella misma es la autoridad máxima. Yo no tengo tanto dinero como ella, si lo tuviera, nos daríamos el lujo de mantener la casa donde yo viví y crecí en Caracas, pero tuvimos que venderla para comprar ésta. De hecho, yo a veces me pregunto si Cristina sabe lo afortunada que es, porque lo más importante lo tiene cubierto: está resuelta de por vida, ella y sus seres queridos. Yo soy clase media, yo pertenezco al 30% de la población que cada vez está más deprimido, Cristina en cambio pertenece al 1% burgués. Te equivocaste, negro: estás haciendo mal marketing, el dinero no me lo tendrías que pedir a mí, se lo tienes que pedir a ella.
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12 de noviembre de 2009 |
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