Estuve hospitalizado hasta hoy por la mañana

 

Si la gente se pregunta por qué la actualización demoró tanto, fue que estuve hospitalizado desde el viernes hasta hoy por la mañana.

Dicen que cuando el tiempo pasa los recuerdos malos dan risa, sin embargo, yo no creo que ninguna cantidad de tiempo pueda pasar para que esto le resulte gracioso a mi familia. En cuanto a mí, a mí ya me empieza a resultar algo gracioso, no mucho, pero sí algo...

Confieso que estoy un poquito nervioso porque mis amigos vienen hoy, incluido Burger, con quien no he hablado en mucho tiempo debido a este incidente. Sin embargo, no es nuestra vieja pelea lo que me pone nervioso, sino cómo voy a hacer para explicarles lo que me pasó.

Voy a intentar hacer un ensayo aquí...

Estaba solito en casa. Bueno, no solito, estaba Ursula, la empleada. Pero no lo cuento como un ser humano así que es válido decir que estaba solo, y ahora que lo pienso, todo es culpa suya, porque fue ella quien dejó la aspiradora apoyada a la pared al lado de mi puerta...

Me imagino que después de lavar los platos, Ursula habrá salido de la cocina para seguir aspirando, o bien para guardar el aparato que dejó en el pasillo, y se habrá encontrado con la sorpresa de no verlo donde lo dejó. En ese momento la aspiradora estaba en el cuarto conmigo, tras una puerta celosamente cerrada con llave.

Soy como un niño, por ejemplo; cuando veo una espada de juguete QUIERO tomarla, y al cabo de un rato es más que probable que encuentren a un sujeto de 27 años describiendo movimientos asesinos en el aire con ella. Lo mismo sucede en este caso, y quizá más, porque una aspiradora es fascinante y puede ser muchas cosas: un portal dimensional, el proton pack de los Cazafantasmas o un arma del año 2100.

Así que pasada la etapa de las fantasías, lo primero que hago es intentar absorber el control remoto del televisor. La máquina es bastante potente; obviamente no se lo puede tragar, pero sí lo deja adherido sobre las rendijas de la superficie rectangular en la que termina su largo cuello, como si fuera un imán.

Después probé suerte con el Mouse de la computadora, y cual fue mi sorpresa que podía hacer que todo sobre el escritorio se moviera.

Me quedé viendo de cerca la boca del monstruo. Era, sin dudas, una máquina de fantasías.

Entonces me lo pegué en el cuello, imaginando que así sería la mordida de un vampiro. Por un momento incluso me llegó a asustar. Después, se me dio por pegármelo en el brazo, lo que hizo levantar todos mis vellitos como si me estuvieran electrocutando. Imaginé que eran personitas sujetas al suelo, evitando que se las llevara un hoyo negro.

Luego, en silencio, y mirando hacia abajo, se me ocurrió la única y siguiente elección natural...

A cualquier hombre se le hubiera ocurrido lo mismo, y el que lo niegue es un hipócrita. Quizá muchos no lo hubieran hecho, pero se les habría ocurrido de todos modos. Así que con el cuello de la aspiradora apretado bajo el brazo, empecé a bajarme el short, luego, prolijamente, la ropa interior, y lo demás es historia.

Varios vasos sanguíneos rotos, y daño en la vejiga.

Y no sé si mi caja de herramientas literaria baste para empezar a describir el dolor, y sépase que yo estoy orgulloso de mi caja de herramientas literaria. Pongámoslo así: sentí un relámpago, me doblé como una barra de hierro, y después empecé a caminar como un jorobado, quejándome, indignado por mi terrible error, mientras que el cuello de la aspiradora se hallaba tirada en el suelo, moviéndose como una manguera gracias a su propia fuerza, azotando mis tobillos, pareciéndose a una mujer ultrajada golpeándome con el bolso.

Felicitaciones para el doctor del hospital que se lo tomó con mucha seriedad y no se rió de mí. Era un hombre de sesenta y tantos años, así que supongo que ya habrá visto sus cosas. Espero que ésta no sea una de esas anécdotas que recuerde durante el retiro. Aunque probablemente sí, visto y considerando que soy venezolano. Seguro que ese detalle lo cambia todo. "Una vez atendí a un venezolano que..."

Estoy sentado con un té en la mano, respirando profundo, temiendo el momento en que Ursula entre al cuarto con la aspiradora. Estoy seguro que ni ella ni yo nos vamos a dirigir una sola mirada. Ni yo con mis lindos ojos color café, ni ella con sus ojos huecos de rendijas asesinas. Nuestra fugaz relación terminó ayer.

Dato curioso: cuando llegué a casa, me acosté en mi cama y empecé a dormitar, pero me desperté de golpe. No había pasado nada, sin embargo, lo último que escuché dentro de mi cabeza fue el sonido de la aspiradora. Fue la primera pesadilla post-incidente.

Me pregunto si esto se transformará en un escenario del Capitán Garfio y el cocodrilo. He escrito muchas historias y he creado varios monstruos, pero ahora mismo, confieso que no hay nada que me parezca más aterrador que ver a la aspiradora moviéndose con vida propia, buscándome por la casa...

 

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13 de marzo de 2010

diariodedross@gmail.com

 

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