Mi problema con mis compatriotas

 

 

 

 

 

Muchos venezolanos, pero sobre todo los caraqueños, son los únicos sujetos que conozco que pueden llegar a los veinticinco años de edad y seguir portándose como adolescentes. No asumen que ya no son muchachos y que ya no están para cosas que para tarajallos de su tamaño son imperdonables.

Personas un tanto descabezadas, irreflexivas, criminalmente llanas y espiritualmente inmaduras, que no en pocas oportunidades creen que sus bobadas no sólo son graciosas sino además, justificables. En ellos está representado el perfecto ejemplo de un pueblo que tiene lo que se merece, como dice el viejo dicho, rumbo al año 2020 o todo lo que el mono caudillo juzgue conveniente con su grey, pues cada vez caben menos dudas que no todos, pero muchos, están hechos a su medida.

Hay venezolanos que se ven a sí mismos, siendo mediocres jueces de juicio, como sujetos jodedores y avispados, en ocasiones esta última palabra carece de la letra D por su forma caribeña de expresarse y juega en hacer de la vida del prójimo un infierno. La primera vez que yo me di cuenta de que Venezuela estaba en problemas es cuando me sucedía lo que le suceden a todas esas personas que regresan de Miami y ven ese contraste tan brusco entre un mundo y otro. Sólo que en vez de la consabida ciudad gringa retornaba yo de Buenos Aires. No voy a perder el tiempo aclarando que hace diez años nuestra capital no era así de fea, apagada y sucia, y tampoco le echaré la culpa de esto al gobierno ni me lamentaré por su gente, ese sería un error semántico; ellos lo escogieron y todavía lo escogen.

Hay razones por las que muchos venezolanos no se merecen la tierra que tienen. Lo englobo en un par de razones:

 

PRIMERO : Aquí en Buenos Aires hay una pulverización cultural enorme, y de cara a las probabilidades da lo mismo que te topes con un local, un colombiano, un boliviano, un chileno o a menudo un peruano. Gracias a esto, sería casi imposible que eligieran a un caraqueño para trabajar en una empresa en un puesto en el que se deba tratar con un cliente.

¿La razón? Todos venimos de extractos del tercer mundo. Nuestros países adolecen, unos más, otros menos, de lo mismo. Pero el caraqueño es el único de todos que no es un personaje educado, y cada vez se están haciendo más conocidos por eso gracias a muchos desdichados del extranjero que regresan luego de haber pasado las vacaciones en Venezuela. Un oriundo de Caracas es un sujeto que no sabe decir "buenos días", "gracias", "permiso, disculpe" -antes de cerrar una puerta en la cara de alguien- o "buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?". Un habitante de la capital, masculino o femenino, es quien detrás de la caja se te queda viendo con indiferencia, te apura si tienes que hacer una elección, y a veces se sofoca cuando hay que tener paciencia con un cliente. Esto es algo que puede pasarte tanto frente a un kiosco como dentro de un centro comercial, y todo lo que pase por el medio: el banco, el cine, hospitales del seguro, universidades, etc.

Esta degeneración se la atribuí siempre al régimen de turno y ese mensaje populista de "pobres al poder" que se ha mal interpretado tanto y que es peligroso porque suele disparar para atrás tarde o temprano, no por nada el infeliz comandante en jefe tropezó de su rol mesiánico al irritarse sobremanera contra un grupo de afectos a su gobierno que hacía demasiado ruido en las afueras del complejo donde él daba uno de sus genéricos discursitos populistas.

Bien sabemos que su "Socialismo del Siglo XXI" (más un nombre de producto al estilo "Pegaloca" que un mensaje ideológico) es un Frankenstein, un 'izquierdismo a la bananera', una amalgama de cosas arrojadas a los coñazos dentro de un caldero a juicio de un individuo que toma más de diez medicamentos por día y que se pasa por el arco del triunfo algunas contradicciones que dejarían al Viejo Testamento como la obra póstuma del profesor Stephen Hawking.

 

 

VENEZOLANOS EN ACCIÓN

 

 

SEGUNDO : Si se supone que es la gente pobre la que está, producto de su limitada educación, "alzada" porque se piensan al poder y creen que ostentarlo es hacer lo que les da la gana, ¿cómo entonces es que ésto afecta además a la gente de la clase media? ¿El mensaje del gobierno ha sido demasiado eficiente? ¿O a lo mejor se están perdiendo los valores?

¿Por qué son chabacanos bastantes venezolanos que se supone vienen de una educación superior? ¿Por qué de repente se ven a estudiantes de la USM meando a diez metros de su universidad?

 

 

 

MONO NO ES GENTE

EL USUARIO SUPRIMIÓ EL VIDEO GRACIAS A ESTE ARTÍCULO

 

 

Que humillante es llegar a Venezuela y pasar vergüenza con los turistas por ese adefesio de educación que demuestran los oriundos del país, personas que se quieren colear en una fila así se hayan podido pagar un viaje a España. Y para no despegar los pies de la tierra no diré nada del tipo soez de la aduana, o del taxista que los espera saliendo del aeropuerto, es ya la regla de ese 'tercer mundo y medio' en el que hemos degenerado en diez años.

Y resulta abrumador la cantidad de sujetos que se creen amables, como si ese fuera un atributo celosamente venezolano. No en balde, te daría risa, lector de mundo, si te dijera que allá creen que el suyo es el único país del planeta donde alguien se detiene para darte una dirección. Sin dudas toda una demostración de ignorancia jactanciosa de parte de gente que a lo mejor no ha puesto un pie en Medellín, Lima, Santiago de Chile, Salta, Córdoba y muchos, muchos otros lugares más donde, muy amablemente, cualquiera se para y te dedica más tiempo del que incluso le pediste.

Hace poco escribí que aunque una idea esté perfectamente aclarada en el texto, siempre vendrá alguien haciendo caso omiso a ella, mostrando su pobre comprensión lectora, pero vale la pena escribirlo porque aún así, gracias a esta página, he conocido venezolanos y venezolanas maravillosas que viven en Caracas, Carabobo, el Estado Bolívar, Mérida y Maracaibo. Lamento mucho olvidarme de los demás, pero si lo he hecho es porque quiero que me lo digan, quiero que me escriban para decirme de donde vienen. Yo creo que si hubiera más gente como ellos, otro gallo cantaría, y el 60% de nuestros problemas estuvieran resueltos.

 

 

VENEZOLANOS EN ACCIÓN (El regreso)

 

 

Es muy triste pensar que el motivo por el que muchos merecen lo que sea, desde un comunismo militar hasta un régimen autoritario (de esos que les gusta quitar acceso a Internet y prohibir lo que sea) es su indolencia, esa supresión mental tan extraña de todo lo que ocurre fuera de su mundillo. Se habla de una "fuerza política" (que de fuerza no tiene nada porque no votan) a quienes se les denomina los "Ni-nis", nombre que le habrá dado un periodista con ínfulas de poeta cuando vio que había mucha gente que no estaba 'ni' con Chávez 'ni' con la oposición. Son aquellos que pretenden esperar una especie de candidato utópico, una propuesta suiza o un milagro que vaya más allá del realismo mágico y que se dé en Venezuela, escondiendo con pobre audacia que si no participan en nada es porque realmente no les interesa en lo más mínimo el tema. Son a los que en el fondo les sabe a mierda Venezuela.

Y salvando las grandes diferencias, quizá esa sea una característica que se vea en muchos otros países; la gente que se harta de la política y decide divorciarse del tema. Pero en una tierra donde el gobierno busca cerrar (otro) canal de televisión, donde se ha instaurado una especie de ley no escrita que dicta que hablar o escribir mal del presidente a través de la radio, prensa o televisión "te pone en la mira", un lugar en el que el caudillo quiere reelegirse indefinidamente comparando su país con Suiza en medio de un show bananero con bastantes similitudes al lamentable personaje de Idi Amin, y nadie menos que el ministro de educación dice que los rehenes rescatados son unos crápulas por hablar mal de las FARC después que estos "les dieron de comer y los cuidaron":

 

 

 

O en el mejor sentido bananero, el líder máximo puede decir las cosas que quiera y en el horario que se le antoje sin que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones le toque un pelo por palabras que para cualquier otro ciudadano son prohibitivas:

 

 

 

 

Cuando se ha perdido el sentido del ridículo con un cinismo casi infantil:

 

 

 

Y sobre todo si no eres un idiota babeante, un mentecato, tendrías que discernir que vives en un país que está en dificultades, dificultades mayores que los de la nación sudamericana promedio. Aquí no se vale ser "indiferente". El que sea indiferente o está loco, o es un hijo de puta. Ninguno en condición de comprender que Chávez no es la causa de ningún problema sino la consecuencia.

Y así la historia se repite, y tal como Mobuto tuvo al Zaire, Chávez tiene a su Venezuela, cada uno a la medida del otro. Aquí no hay nada nuevo bajo el sol, debemos ver para arriba y cuidar de no cometer grandes errores históricos, sólo que en vez de buscar ejemplos en Europa, ahora, quizá, los tengamos que buscar en Africa.

 

 

 

 

Bastante peleé cuando vi gente haciendo o diciendo cosas que no me parecían correctas en la universidad, incluso ante uno de los pocos docentes chavistas que tuve. Recuerdo que con un amigo llamado Antonio debatí la doctrina comunista "light" de un profesor que trataba de meterla "debajo de la mesa" cuando impartía una materia que nada tenía que ver con política.

Bastante que protesté desde mi camioneta cuando veía gente arrojando basura. Yo me enorgullezco de haberle dicho a ese malandro con la bragueta abajo que se fuera a mear a la entrada de su casa. No me importaba resultarle antipático a mis vecinos cuando les reclamaba que era de mala educación dejarse la puerta del carro del lado de la calle abierta.

Básicamente la cuadra dependía de mi padre, porque era el único que se asomaba por la ventana para decirle al grupo de mariquitos sin oficio que bajaran el volumen de la música y se fueran a otro lado porque había gente durmiendo, mientras que en el edificio de al lado (el Villa Alessandra) no había un solo hombre con pantalones.

En el 2001 yo me guindé en un portón de Miraflores y le grité al mar de gente que venía acercándose del otro lado de la redoma para que corrieran y llenaran la plaza frente a la puerta principal del palacio (hasta el punto que mi madre se asustó porque había un camarógrafo del canal 8 cerca). La idea era mostrarle a toda esa cuerda de monos con metralletas que no les teníamos miedo. Resentidos sociales que te apuntaban c mientras que todo lo que nosotros (los sifrinos) teníamos eran pitos y carteles.

El 2003 fui de las pocas personas en la Urbanización Miranda (de entre toda esa manada de cagones que se ponían a pelear entre sí en media calle) que hicieron algo. Esa noche yo llevé un bidón de gasolina para quemar una tina en el medio de la calle y trancarle la vía a la policía de Mariche.

Tuvimos unos líderes pésimos, que engañaron a todo el mundo y después escaparon a Estados Unidos. El alcance del daño que hicieron todavía afecta al venezolano promedio de la oposición, que bien merecido se tiene el calificativo de disasociado, por gallo y por bruto.

Yo me arrepentí profundamente de haber hecho lo que hice, no por estar bajo la tutela de esas hienas traidoras que salían todos los días por televisión a dar un informe insulso, sino porque al final siempre estuve equivocado: a Chávez lo sigue queriendo el pueblo.

Eso fue lo que me obligó a tomar conciencia y jugar limpio, de lo contrario, hubiera sido algo que detesto: un rebelde sin causa.

Hace tiempo quité un video en Youtube donde hablaba de algunos venezolanos en Noticiero Digital que descalificaban a Obama por ser negro. Se sentían en la obligación ya que se creen derechistas y, más que predicar una doctrina política, son como niños grandes que se meten en un rol y siguen un guión... más bobos no podrían ser, pero aún así dije cosas que me parecieron demasiado fuertes.

Por ello termino esto de la misma forma que terminé aquel .avi de 5 minutos; con gente así, Chávez hasta el dos mil siempre. Muchos de ustedes, chavistas y opositores, viven, hablan y actúan a la medida de un sujeto como él.

 

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21 de enero de 2009

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