El otro día le pegué a una lesbiana
En el manual no escrito de las buenas costumbres y caballerosidad que se nos inculca de niños se estipula que pegarle a una lesbiana no es equivalente a pegarle a una mujer pues ellas tratan de ser hombres.
Por lo tanto, equivale pegarle a un hombre.
Estaba en un local bailable con mi amigo Gastón... la verdad no sé ni qué hacía ahí en primer lugar porque a Dross no le gusta bailar. Dross piensa que bailar es una costumbre primitiva.
Entonces cuando nos estábamos abriendo paso entre tanta gente, llega esta mujercita de pelo corto con chaqueta de cuero que parece de motorizado y se tropieza conmigo porque estaba caminando de espaldas, intentando comunicarse (por medio de señas) con otra persona que estaba por allá, a lo lejos.
Me pisa, me empuja con la espalda, y me recuesta su enorme y pedernal culo en mi mis partes hemisféricas de tal forma que incluso me dolió.
Entonces ella se voltea, y en vez de ofrecerme disculpas, sencillamente se me queda viendo por corto rato, con su boca sellada, sin decirme nada ni ofrecerme disculpas. De hecho: creo que su mirada implicó algo que iba entre las lides de "tú tienes la culpa por estar en mi camino" o algún pensamiento así que sólo podría ser maquinado por la mente de una mujer.
Entonces se vuelve a dar media vuelta, pendiente de esa persona que estaba lejos.
Yo por supuesto no me voy a quedar con esa, así que le palpo dos veces el hombro.
Cuando se voltea y me mira, recargo el brazo y le lanzo un puñetazo marranero de morsa del que Mike Tyson estaría orgulloso, y la mando al piso unos cuatro metros más allá.
Por supuesto, no se volvió a levantar para defenderse, pero eso fue lo de menos porque los patovicas (los bouncer, guardianes de la disco) no tardaron en llegar para sacarme del local.
Al final Gastón terminó enojado conmigo, pero yo me hice respetar.
Otra victoria más para Dross.
13 de marzo de 2008