ENTONCES ERES UNA LESBIANA
Si te gusta Bill te gusta la tijereta. Haz el favor de levantarte, ir al cuarto de tus padres, y decirles que eres una invertida. "Hola mamá, me llamo Roxana y soy invertida". "Hola papá, soy Carolina y me gusta la tijereta". De ahora en más los modess te los vas a comprar marca Tijereta. O alguno que tenga en la publicidad el dibujo de una camionera fumando tabaco y rascándose la totona.
¿La razón? No se necesita razón, si eres inteligente ya sabrás por donde voy: Bill Kaulitz no es un hombre, no es ni siquiera un machito, no pertenece al género masculino. Bill es un fembot. Un anime viviente. Insoportablemente ambiguo, terriblemente andrógino. Así no se puede; es como construir una casa entre dos países en guerra.
Si le pones un vestido de chica, Bill Kaulitz ES una chica. Si le pones un vestido de hombre Bill Kaulitz sigue siendo una chica, y si lo vistes de la manera que él suele salir al escenario entonces Bill es un freedom fighter gay del futuro, que no sirve para un carajo porque no te va a proteger de Arnold Schwarzenegger. Es más, Bill ni siquiera sería el freedom fighter, Bill sería la amiga esa de Sarah Connor a la que matan.
Pero aún si Bill es, en efecto, heterosexual, me gustaría preguntarle una cosa: ¿cómo diablos va a hacer cuando tenga novia? Porque conseguirse a una chica de aspecto más femenino que el suyo va a ser un empeño bastante más grande de lo que es Alemania ante el mapa. Bill tiene que viajar a Estados Unidos de urgencia. Es más, ni siquiera Estados Unidos, Bill tiene que ir a Narnia y conseguirse un hada.
Lo peor es que quizá no sirva ni siquiera como gay. ¿Te imaginas a Bill haciéndole sexo oral a un oso motorizado? Se le desarma la cabeza. ¿Y si le ponemos a alguien casi tan andrógino como él? No habría sexo, habrían chispitas. Sería como frotar dos clítoris.
Hablando en serio: es increíble lo lejos que está dispuesto a llegar un manager por hacer a alguien atractivo ante un público, incluso maquillar a un chico de veinte años pero luego negar el ardid homosexual y hacer ese consabido stunt provocativo que genera atracción gravitatoria para no dejar fuera ningún sector del mercado. Y sí, es más que posible que Bill ni siquiera sea homosexual. Puede que en el fondo sea, de hecho, más pervertido que yo. Pero tiene un papel, un contrato, y debe llevarlos como Obispo y rosario. Es como la vieja historia del chico estrella y sus padres. Incluso buscando close ups de Bill (tomadas con cámaras más costosas que la vida de un niño de ojos azules y de mayor resolución que el telescopio Hubble) no se le ven vellos, no se le ve ni siquiera una sombra de barba, esa que le sale a un hombre joven después de afeitarse. Me pregunto si le estarán dando hormonas, o si aún con veinte años todavía hay cosas que se pueden disimular con maquillaje. En especial considerando que tiene un hermano gemelo que no se parece un carajo a él...

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y haciendo las cosas que Bill no hace y que, lejos de ser comidilla de
un centenar de estúpidas revistas del corazón, son normales
en un chico de su edad. |
El problema aquí no es que Bill se vista como se viste. Si es por salir al escenario, ganar dinero y hacer lo que le gusta, yo no podría estar más de acuerdo.
El problema tampoco es que Bill se ponga maquillaje; la culpa hay que echársela a las petardas descerebradas de sus fans, que les gusta ese tipo de estupideces. Estoy seguro de que Bill se sacaría un ojo si intentara ponerse rímmel él mismo.
Y el problema sin dudas no son sus supuestas preferencias sexuales. En serio, de tripas corazón. A mí no me importa en lo más mínimo y a ti tampoco debería. Si a mí un amigo me confesara que es gay al día siguiente cuando lo salude ni me acordaría. El problema aquí, entiéndase, es si él es ambiguo por decisión, o si lo están ambiguando, porque si es lo último, estaba bien hasta hace poco, pero ya se están pasando. El fin no justifica los medios.
No hace falta haber leído un reportaje completo para darse cuenta que él es la figura principal de la banda (Tokio Hotel). Es más, ¿escribí figura principal? Más que eso: él ES Tokio Hotel. No existe banda sin Bill. Los demás son condones, y se pueden reemplazar cualquier día de la semana. Por lo tanto, es natural que la presión caiga en sus hombros, y a cualquier menso se le puede ocurrir por qué no sería bueno que le tomaran una foto fumando su primer cigarrillo, disfrutando su primera borrachera, tocándole el culo a una muchacha, dándose besos o, incluso, bailando abrazado con su novia; no es buena publicidad ante la mirada hambrienta de una legión de pedazos de carne aullantes en uniformes escolares que piensan que algún día Bill va a estar con ellas.
Un día harán los preparativos y le pondrán a una noviecita de mentira. Cuando quieran, ellos harán que termine su relación y con toda la alevosía aumentarán el hype sobre su persona. En el mundo publicitario no hay mucho que quede por escribirse. Bill Kaulitz no es un artista; es un producto.
Y se mantendrá así hasta que la biología haga lo que tenga que hacer con su aspecto élfico. En el futuro, él deberá enfrentar su mayor reto: demostrar que va a poder estar de gira toda la vida o si va a ser otro Macaulay Culkin.
Probar que puede ser bancable gracias a su voz y su música, y que la apariencia personal, por primera vez, sea el aspecto secundario de su carrera, no el primario.
Espero que no salgan más artistas así en esta nueva década que nace. Musicalmente, hemos dejado atrás la peor y más imperonal era musical que hemos tenido en tiempos modernos. El triunfo del estilo sobre la sustancia. Eso es lo que este chico representa para mí.
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15 de diciembre de 2009 |
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