Soy un Dios fecal

 

 

 

No es por nada, pero el otro día cagué como un rey. Dudo que la mayoría de los lectores hayan tenido jamás la oportunidad de sentir salir la mierda con tanta majestad. Ni siquiera tuve que pujar, o agachar medio cuerpo y apartarme las nalgas para que los pedacitos rebeldes que juegan Cliffhanger cayeran al inodoro.

 

Cagar es un ritual, un arte, una puesta en escena que puede representar los momentos más felices del día, por lo que, si se quiere estar a la altura, se debe seguir cierto protocolo:

 

 

MAL

 

 

   
BIEN

 

 

 
 
 
Mortadelo y Filemón no son una buena compañía para cagar porque las historias son demasiado largas. En cambio, Condorito es perfecto porque sus chistes están diseñados a la medida: de hecho, puedes medir tu tiempo con un suplemento de Condorito (mis defecadas duran dos chistes).
 

 

Cuando estaba sentado frente a la computadora, haciendo lo que suelo hacer todos los días (ver porno), sentí algo así como una licuadora haciendo trizas un costal de avellanas en mi estómago.

Me desnudé (porque todos los hombres cagan desnudos) y eclipsé el fondo húmedo del inodoro con mi magnífico culo.

Reconozco que no seguí los pasos del protocolo (el cuál comprende A) desnudarme, B) buscar una revista y C) sentarme a cagar) porque preferí concentrame en sentir lo fluido e interesantemente pastoso que era el excremento que se escurría sin ningún esfuerzo al exterior. Me llamó la atención porque estaba caliente, así que abrí las piernas lo más que pude y observé entre mis muslos: la mierda era esponjosa, verdosa, de aspecto sano, y flotaban con una gracia tremenda en el agua (más tarde me enteré de que era porque tenían pelos, los cuales onduleaban, como invitando a alguien a meter la cabeza dentro.)

Salía pupú tras pupú, y cada vez que caían en el agua, yo sentía el estómago más ligero. Algunas personas no van a creer ésto, pero pude experimentar como se estaba abriendo espacio entre mis intestinos, y era agradable.

Mi "código morse" es así:

 

a. Dos troncos largos
+
tres pequeños
b. Uno largo
+
veinte trocitos redondos
c. Uno largo que se parte a la mitad del camino
+
una mitad "no nata"
d. Un turbante (largo y serpenteante)
+
caldo marrón...

 

Pero esta vez eran varios largos, como trenes saliendo de una estación, (uno que otro salía aguado).

Los aguados son casi tan traicioneros como los que se parten a la mitad del camino (es una de las cosas que más odio en el mundo), porque si te descuidas y aprietas las nalgas involuntariamente cuando está saliendo, corres peligro de hacer un sandwich de Nutella entre las nalgas.

Como ya es normal cada vez que estoy sentado en el inodoro por mucho tiempo, me dan ganas de mear, así que aprovecho para terminar de descargar todo y le doy luz verde a mi vejiga (pocas vejigas pueden cargar tanto pipí como la mía), cuando en ese momento sin saber por qué tengo una erección involuntaria y me duele orinar.

Así que opté por trazar una estrategia rápida (cuando se complican las cosas y tengo que estar en control de todo, me da ilusión imaginar que soy el capitán de un submarino de guerra); dejé escapar chorritos de orín de tres segundos en tres segundos.

Una estrategia inteligente es quedarse al menos tres minutos extra sentado, porque muchas veces hay un último pedazo de excremento que "llega tarde", y en este caso, reconozco que el consejo en realidad me sirvió para un bien mucho mayor sin saberlo: se me sobrevino un dolor de estómago y empezaron los pedos.

¿Alguna vez te ha pasado que te toca estar sentado cerca del baño donde tu novia o tu novio está haciendo sus necesidades, y escuchas que sin querer se tira uno que otro pedo?

Volviendo a mi historia: seguí cagando.

Como el excremento era aguado, y también salía "sopa oscura", perdí tanto líquido que los labios se me resecaron. Creo que también se me salió un moco.

Cuando me puse de pie me volteé para inspeccionar mi obra. Me llevé una sorpresa cuando vi uno que otro gusano jugueteando astutamente entre el excremento.

Total que, como tengo una ducha que se puede descolgar del soporte y agarrarla con la mano para dejar caer el agua donde yo quiera (cosa que es útil para limpiarme el culo) abrí el chorro a su máxima potencia y me puse en posición.

Muchas personas discuten que esto no es de hombres, sin embargo, se hace una excepción de la regla si el agua que sale está hirviendo.

La mierda empezó a resbalárseme entre las piernas, a través de las pantorrillas, para finalmente hacer un círculo oscuro alrededor de mis tobillos.

Me dio un ataque de risa cuando, al salir de la regadera, vi que las uñas de mis pies están llenas de mierda.

La próxima vez voy a buscar un reproductor para poner ópera.

 

 

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3 de abril de 2006

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