¿Le deberíamos pegar a las mujeres?

 

 

 

 

Lo que estás a punto de leer no es exactamente la fórmula mágica para tener éxito en la vida, pero allana gran parte del camino. Presta atención.

Si por un momento nos proponemos no caer en el pecado favorito del diablo y mandamos de paseo la soberbia y la arrogancia, descubriremos que aún después de viejos, podemos seguir aprendiendo muchas cosas.

Y es que la vida es extraña: de niños abanderamos las reglas básicas de un mundo que vemos en blanco y negro, las hacemos nuestras y las coronamos como la directriz del bien justo antes de la figura de Dios todopoderoso. Uno al principio es así porque cuando somos niños somos niños. Estamos felices de conciencia, no repararamos en grises y juzgamos con arbitrariedad el bien y el mal.

Es por ello que a muchos, ya de hombres, le quedan algunas enseñanzas inculcadas; mentiras que los acosarán silenciosamente durante el resto de sus vidas con la sombra de la estupidez y la ignorancia:

Que la Iglesia es justa, que Alemania fue la única villana durante la II Guerra Mundial, que las ecuaciones matemáticas son útiles para la vida, que el problema de la hambruna se solucionará con un apretón de manos entre un negro y el presidente de los Estados Unidos, que todos los seres humanos debemos ser buenos en el fondo, y que a las mujeres no hay que clavarle una patada por el orto de vez en cuando.

Una persona como yo, que ha llegado al tercio de su vida (veinticinco años), y se ha preocupado por cultivarse como hombre y caminante curtido de la vida, se convencerá de que todo lo anterior leído es cierto.

Recuerdo yo una noche caraqueña de hace años, cuando vivía en la Urbanización Miranda. Me preparaba para dormir pero ni bien apagué las luces cuando escucho la alarma de un carro.

Los primeros dos minutos, como norma social, no me importaron. Pues hay que darle tiempo al tipo para que se ponga las pantuflas, baje, abra la puerta y aprete el botón del aparato.

Los siguientes cinco minutos los invertí preguntándome, ya preocupado, cuándo apagarían la alarma...

A los diez, ya estaba de mal humor.

Al final, el servicio de vigilancia fue a tocarle la puerta a la dueña del auto, pero ella no contestaba, a pesar de que el conserje aseguraba que la señora se encontraba en casa.

Y no fue sino hasta que llegó su suegra que por fin apareció y apagó la alarma.

¿Explicación? La mujer creía que quienes le tocaban la puerta eran ladrones. Y la suegra, visiblemente enojada, había ido porque ésta la llamó aterrada media hora antes pidiendo ayuda.

No importaba que la joven conociera a los vigilantes de antemano, ni que uno de ellos la llamara por teléfono a su casa (porque no contestaba).

Tampoco que los golpes a su puerta despertaran al resto de los vecinos y que, por lo mismo, no tenía ni pies ni cabeza que aquello se tratara de un robo. La fémina invirtió toda la materia gris de la que disponía en aferrarse a su idea, y toda la lógica del mundo no fue suficiente.

Marta, (la mujer en cuestión), se merecía un puñetazo en la cabeza.

Pero no porque ella fuera un caso particular, no porque era simplemente una mujer estúpida entre uno que otro hombre estúpido, pues mujeres como Marta representan al género femenino. Marta son todas.

 

Malas o no, con oscuras intenciones o sin darse cuenta, las excusas son lo de menos: ellas joden porque ultimadamente es es su propósito aquí en la Tierra.

 

Por la presente, proclamo entonces que el fin de los problemas femeninos está en la punta de tus nudillos, y de qué tan rápido seas capaz de moverlos hacia adelante.

 

Mujer que no sabe lo que es un puñetazo en la cara, mujer que no te permitirá vivir bien, y sólo Dios sabe hasta qué punto...

 

 

Ventajas de pegarle a una mujer

 

- Tranquilidad

- Veracidad

- Orden

- Ensalza la vida sexual

 

 

Lista de mujeres peligrosas a través de la historia

 

 

1. Hugo Chávez

 

Chávez es una vagina parlante. ¿Alguna vez tú, o alguien que lo conozca, le ha visto las bolas, así sean marcadas a través del pantalón? Estoy seguro que no solo la respuesta es negativa, sino que además, absolutamente nadie que lea esta página o que haya seguido de cerca sus nueve años de gobierno se le ha cruzado por la cabeza que Chávez tenga un pene.

Obviamente, se trata de la teoría conspirativa más grande que camina por América Latina.

Hugo Chávez es una tipa.

 

 

2. Amelia Earhart

 

Se empeñó en ser una mujer piloto, y cuando finalmente voló, se estrelló.

Se presume que se perdió en el camino, por lo que además su búsqueda mortificó a todo el mundo.

 

 

 

3. María Antonieta de las Nieves

 

Un día, a María Antonieta de las Nieves se le metió en la cabeza que el personaje "La Chilindrina" (creado por Roberto Gómez Bolaños, alias Chespirito) era en realidad de ella.

¿Su lógica? Date un golpe en la cabeza antes de leer ésto: ella decía que, como era la actriz que lo interpretó durante tantos años, el personaje, por derecho debía ser suyo. Por lo tanto, se permitió (sin comunicárselo a Chespirito) abrir un registro legal donde se adjudicaba la propiedad de la Chilindrina.

Es decir: si yo un día voy a un teatro vestido de Hamlet y juego el papel, puedo ir al registro de propiedad intelectual y firmar a Hamlet como mío porque, después de todo, William Shakespeare nunca lo interpretó sino que el huevón "nada más" lo creó.

Y si no yo, seguramente algún actor británico que habrá desempeñado el papel durante décadas. Pero como aparentemente no adolecen del gen del tercer mundo, de querer joder harían algo más elegante en vez recurrir a una argucia tan ordinaria e indefendible.

 

 

4. Ricardo Arjona

 

Ricardo Arjona es una vagina que canta. Nunca podrá aparecer sin barba (sucia o espesa) porque se irrita cuando se afeita.

Es amargado, gritón, tiene incontinencia verbal, y aún cuando posee la mala costumbre de defecar gusanos y culebras por la boca cuando habla mal sobre los países en los que acaba de dar un concierto (con la decorosa y valentía de hacerlo en la puerta del avión), es también una vagina Nivel 40, porque comanda a otras legiones de vaginas que creen que su música es profunda y que, posiblemente, me escriban para quejarse tan pronto terminen de leer ésto.

 

 

5. El Pato Donald

 

El Pato Donald no sólo es, (con toda obviedad) una mujer, sino que además es lesbiana, porque su novia es Daisy.

Cuando están en la cama y empiezan a hacer tijereta, el sudor de ambas produce foie de oca asturiana.

 

 

 

6. Britney Spears

 

Britney es el ejemplo clásico de donde puede ir a parar una mujer a la que nunca le han pegado.

 

 

 

7. Los guionistas y directores de novelas venezolanas

 

Los guionistas y directores de novelas venezolanas de 1999 para arriba son vaginas anales con tifus y gonorrea que palpitan moco y guano de diablo por igual.

Gracias a ellos, sin embargo, se puede hacer una definición sociológica de qué tan baja tiene que ser la cultura, instrucción y coeficiente intelectual de una persona para disfrutar de las miasmas que sabrá Dios con qué orgullo y ética de trabajo producirán.

 

 

 

 

VOLVER

12 de noviembre de 2007

eldiariodedross@gmail.com