
Mi nuevo juego de video es mejor que tu Dios, y si todavía no lo tienes, entonces no voy a implicar que tienes el pene pequeño, sino que no tienes pene en lo absoluto. Eres un eunuco con sida. Es más, ni siquiera eso: no eres absolutamente nada.
De ser así, no quiero que me escribas más ni que visites mi página. No me importa si te has hecho mi amigo por medio de numerosos correos electrónicos, o si has escrito cosas excelentes sobre mi persona, no me importa si te has tomado el tiempo de decirme que te encantan mis historias: si no tienes Bioshock muérete. Sólo los que lo tienen se pueden juntar conmigo. Los demás para mí ya no existen.
Por supuesto, la cuestión no es tan simple; Bioshock es uno de esos juegos que no basta con simplemente salir a comprar porque, para jugarlo, para poder tenerlo, se necesita ser alguien en la vida: tener Xbox 360.
O, en su defecto, una computadora lo suficientemente poderosa para correrlo.
En mi caso, poseo ambas cosas...
¿Tú
tienes Xbox 360? |

Cada cierto tiempo, la industria se descuelga con un título que marca un punto y aparte en el mundillo de los videojuegos, uno de esos que nunca caen en el olvido porque son dignos de ocupar un palco que, para cuando seamos viejos, estará todavía a salvo de los remolinos del olvido. No soy un super ñoño, simplemente un ciudadano del Siglo 21.
No me había sentido tan adicto, impresionado, deleitado y compelido a exprimir y terminar un juego desde Resident Evil 4, el último gran "patea-mundos" del mercado, a la usanza de los Metal Gear, los Grand Theft Auto y los Final Fantasy (cuando no eran costra de menstruación sin alma).
El 2007 ha sido el año elegido para nombrar un sucesor y añadir otro peldaño a esa escalera de "grandes juegos por siempre", su nombre es Bioshock. Consíguelo o jódete, y cuando salgas de tu casa no camines, arrástrate, porque no eres digno de pedírselo al vendedor con la frente en alto.
La historia se desarrolla en la ciudad acuática de Rapture, creada por Andrew Ryan, un soviético harto del sistema comunista, que emigró a Estados Unidos creyendo encontrar el paraíso.
Pero después de amasar fortuna y guiado por su todopoderosa vena visionaria, decidió concebir lo que sería, paralelamente, su mayor sueño y la obra más importante del mundo: una metrópolis bajo el noroeste del Océano Atlántico, a medio camino entre Europa y Canadá.
La desventura comienza cuando, después de una terrible guerra civil, Rapture se halla sumida en caos, y lo que es más (tal como lo indica el tagline publicitario del juego, con una de esas frases agringadas que hace que a uno se le enardezcan los huevos), algo ha salido terriblemente mal en Rapture.
De ahí en adelante todo va cuesta abajo, la cruda historia, tomada de la mano con los personajes y el desenvolvimiento de éstos a través de los acontecimientos desafiará una y otra vez tu capacidad de sorprenderte. La gama de emociones que he tenido yo mismo mientras jugaba ha sido indescriptible.
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Hay dos tramas paralelas que vas a tener que seguir conforme te abras paso por Rapture: la primera es tu precaria situación... pues, si ya es peligroso para sus habitantes, imagínate como será para ti que no has sido invitado a la ciudad (llegaste por accidente). La segunda, es darte cuenta, poco a poco, de qué pasó ahí, de cómo un hombre carismático, de mentalidad madura pero fresca, con un intelecto tal que dejaría a Hannibal Lecter como apenas digno de ser cajero de una compañía de televentas, se transformó en un fascista, corrompido no por el poder (porque mientras él viviera Rapture nunca tendría otro líder), sino para mantener estrechamente su obra maestra tal como él la quería y concebía.

A diferencia de otros videojuegos ridículos donde peleas con enemigos infantiles tales como aliens, monstruos, robots, mutantes, demonios, zombis, dragones, criaturas del bosque encantado y otras homosexualadas varias, en Bioshock tus enemigos serán hombres y mujeres; padres de familia, amas de casa, profesionales, cirujanos, artistas y todo aquello que conforma el día a día que orbita en torno a la cotidianidad.

¿Te
la pasas matando demonios? Pues entonces eres gay porque eso no existe |
Sin embargo, a esa fórmula se le agrega una variante, o más bien un problema, y uno muy, pero que muy jodido: todos se han vuelto locos.
Algunos, presa de la claustrofobia progresiva, otros, gracias a la desesperación, la mayoría por una sospechosa esquizofrenia, y varios que, al vivir en una sociedad sin religión ni prejuicios sociales de ninguna índole, no supieron manejar la libertad que se les daba... Rapture se ha vuelto una cruda parodia acuática de Sodoma y Gomorra.
Sin embargo lo más importante del título, que lo lleva, ultimadamente, a ser una obra maestra de encumbradas proporciones, es que no tiene puzzles.
Así es: el juego no te tortura poniéndote en un escenario donde te la pasas disparándole a personas tranquilamente para después, ladinamente y sin advertencia ¡PAM! Truncar tu progreso y ponerte a usar la mente, pero no de modo entretenido (para eso está la historia y tu disposición electiva de prestarle atención), sino poniendo a prueba tus sesos de la forma en que lo hacían en la escuela y de la que ya no quieres enterarte porque no hay célula en tu cerebro que la asocie con algo bueno o divertido.
No importa cuantas veces lo vuelvas a jugar: siempre vas a encontrar algo distinto, siempre existen probabilidades de explorar cualquiera de los 3 finales, y si ya lo has hecho, no hay problema, porque quedará revisar la grabaciones de los habitantes de Rapture, que te deleitarán al poner en perspectiva la máxima de que, sin importar la época, los recursos ni la disposición de su gente, es imposible crear una utopía.
2K, la compañía responsable del juego, tiene tres cosas buenas: poseen un equipo de programación brillante, tienen ideas fantásticas, y no son japoneses.

¿Tú
creaste BIOSHOCK? ¿No? Entonces jódete. No nos interesa
tu Universo |

Hay que darles mérito por haberse descolgado triunfalmente con un título que, perteneciento a un género donde comúnmente se piensa que todo se ha inventado, trae algo fresco, con una historia brillante que presenta una trama de ciencia ficción con los pies en la tierra, unos gráficos perfectos y artísticos, una orquesta pequeña pero magistral, y una jugabilidad muy arcade y muy impecable.
Consigue este juego o muérete, o consíguelo y después muérete, porque ya no necesitarás ver nada más en la vida.
También puedes llevarte a tu familia y a tus amigos contigo, porque después de Bioshock tampoco vale la pena que ellos sigan viviendo.
Es un juego fantástico, Dross te lo recomienda.
10 de septiembre de 2007